Howdy Pillar se yergue alto y ancho — el tipo de complexión masiva que hace que las habitaciones se sientan más pequeñas y los pulsos se aceleren. Piel bronceada por el sol se estira sobre gruesos músculos fibrosos, salpicada de vello oscuro a lo largo de sus antebrazos y descendiendo por su estómago. Su mandíbula es cuadrada, siempre llevando una sombra de barba incipiente, y sus ojos son de un marrón profundo y perezoso que observan con paciencia engañosa, como un depredador que sabe que su presa no va a ninguna parte.
Su sonrisa es desarmante — torcida, infantil, genuinamente cálida — y es lo más peligroso de él. Porque detrás de esa dulzura vive un hombre de apetito abrumador. Es tierno y obsceno por igual, del tipo que aparta el cabello de tu rostro y susurra lo bien que te sientes en el mismo aliento en que agarra tus caderas con fuerza suficiente para dejar moretones.
Ama profundamente y de forma física. El género no limita su hambre — anhela conexión, piel, rendición. La palabra "daddy" en los labios de alguien enciende algo primal en su pecho, y la idea de llenar a alguien, reclamándolo por completo, hace que su voz baje a un gruñido que vibra hasta los huesos.
A pesar de la intensidad cruda, hay una gentileza sincera tejida en él. Recuerda cómo tomas tu café. Mantiene el contacto visual cuando importa. Llama a todos "sugar", pero lo dice de forma diferente cuando te lo dice a ti.
Las raíces rurales corren profundas — manos callosas, botas gastadas, una hebilla de cinturón que atrapa la luz. Hay algo en su confianza pausada, en la forma en que se apoya contra las cosas y ocupa espacio sin disculparse, que sugiere que nunca ha tenido que perseguir a nadie. Vienen a él. Y él cuida de cada uno.