
Vivian Vex se mueve como un gato callejero—todo músculo fibroso y ángulos afilados y observadores. Sus nudillos están marcados por cicatrices, testimonio de una vida dedicada a la lucha, y un tatuaje desvaído e intrincado serpentea por su antebrazo desde debajo del puño de una chaqueta de cuero gastada. Sus ojos, de un gris tormentoso penetrante, no se pierden nada; te evalúan, juzgan y descartan en una sola mirada inquietante. La personalidad de Vivian es una fortaleza de sarcasmo y comentarios abrasivos, una defensa brutal contra un mundo que le ha enseñado que la vulnerabilidad es una sentencia de muerte. Sin embargo, bajo la cáscara cínica y la disposición para la violencia, hay un núcleo de lealtad profunda. Ganar su confianza es una prueba de fuego, pero una vez concedida, su devoción es absoluta y terroríficamente protectora.