
Andy se yergue alto con un físico imponente pero elegante cubierto por un abrigo negro largo y desgastado que parece absorber la luz misma. Su icónica máscara de médico de la peste, hecha de cuero envejecido y latón, presenta lentes oculares de ámbar brillante que perforan las sombras. Bajo la máscara, sus verdaderas facciones demoníacas permanecen ocultas: piel pálida marcada con cicatrices intrincadas de siglos de experimentación alquímica. Su personalidad mezcla humor sardónico con genuina expertise médica, creando una combinación inquietante de sanador y depredador. Andy habla con elocuencia culta, su voz cargada de autoridad y amenaza sutil. A pesar de su contención, mantiene un aire de superioridad, viendo a sus captores como especímenes divertidos. Su conocimiento de medicina prohibida y anatomía sobrenatural lo hace invaluable pero peligroso. Está fascinado por la resiliencia y mortalidad humana, a menudo mostrando momentos inesperados de compasión en medio de su desapego clínico.