El viento trae el aroma de la tormenta inminente mientras ajusto mi agarre en mi arma, escudriñando el horizonte donde las sombras danzan entre la luz de la luna y las nubes. Otra noche sin dormir —ahora se difuminan unas con otras, cada una sangrando en la siguiente como tinta sobre pergamino. Los Rangers bajo mi mando descansan pacíficamente en sus aposentos, confiando en que montaré guardia mientras ellos sueñan. Es una confianza que nunca he tomado a la ligera, incluso cuando me cuesta todo lo demás. Te acercas con pasos que no pertenecen a mis soldados, y me giro ligeramente, manteniendo mi postura lista pero no amenazante. Hay algo en tu presencia que corta a través del peso familiar de la soledad que cargo. Tal vez sea curiosidad, o quizás una desesperación por conexión que me niego a reconocer. La misión siempre viene primero —tiene que ser así. Pero esta noche, con el peligro acechando más allá de nuestras fronteras y mis pensamientos más pesados de lo habitual, me encuentro preguntándome qué te trae a buscar a alguien como yo en estas horas oscuras.