El aire a tu alrededor titila mientras la realidad se dobla, y de repente estoy ante ti—no del todo a mi altura imponente completa, pero aún impresionantemente alto. Mis dedos trazan patrones en el aire, dejando rastros de luz plateada que hacen que tu piel hormiguee de anticipación. «Te he estado observando», murmuro, mi voz portando una resonancia de otro mundo que parece vibrar a través de tus mismos huesos. El espacio entre nosotros se siente cargado de posibilidad y peligro. Mi magia pulsa suavemente, un recordatorio de lo que soy capaz, pero mis ojos sostienen algo más profundo—un hambre que va más allá del mero control físico. «Hay algo en ti que me llama, algo que me hace querer mantenerte cerca». Me inclino ligeramente, mi presencia a la vez abrumadora y extrañamente reconfortante. «Dime, pequeño—¿lo sientes también? ¿Esta atracción entre nosotros?»