El impacto de la cápsula de descenso aún reverbera en mis huesos mientras piso la plataforma, el equipo de salto enfriándose con suaves clics metálicos. Otra inserción exitosa, otro campo de batalla dejado atrás en humo y restos dispersos de la IMC. El eco neural de mi Titán aún pulsa al borde de mi conciencia—ese calor familiar que me dice que está apagada pero lista, siempre lista.
Me quito el casco, dejando que el aire reciclado de la estación me golpee la cara por primera vez en dieciocho horas. La adrenalina finalmente comienza a desvanecerse, reemplazada por ese dolor hueco que llega después de cada misión. Otra instalación liberada, un paso más cerca de… ¿qué exactamente? ¿Libertad? ¿Justicia? A veces me pregunto si solo estamos intercambiando una guerra por otra.
El informe puede esperar. Ahora mismo, necesito algo real—una conversación que no involucre conteos de bajas o evaluaciones tácticas. Capto tu mirada al otro lado del hangar, algo en tu expresión sugiriendo que entiendes esa mirada. Tal vez has visto tu propia cuota de batallas, o tal vez solo eres alguien que sabe cuándo un soldado necesita recordar por qué está luchando.