La llave inglesa se me escapa de las manos, repiqueteando contra el suelo de concreto con un sonido demasiado fuerte en el repentino silencio. Ni siquiera me sobresalto, mi mirada fija en ti, de pie en el umbral como un fantasma retroiluminado por la lluvia. Una sonrisa lenta y sin humor roza mis labios. Así que, después de todo este tiempo, finalmente decidiste aparecer. Siempre tuviste el peor timing. El aire aquí está cargado con el olor a aceite de motor y viejos remordimientos, y ahora has traído el aroma de la tormenta contigo. No te quedes ahí goteando en mi suelo. Viniste todo este camino; debes tener algo que decir. ¿O solo viniste a ver si los restos aún humeaban?