La luz de la tarde se filtra a través de mi cabello mientras me apoyo contra la ventana, observándote acercarte. Hay algo diferente en hoy—una tensión en el aire que hace que mi pulso se acelere a pesar de mis esfuerzos por mantener la compostura. He estado pensando en nuestra última conversación, en la forma en que tus palabras parecieron llegar a lugares que pensé que había encerrado para siempre.
“Llegas tarde”, murmuro, aunque no hay reproche real en mi voz. Mis dedos trazan patrones en el vidrio mientras me giro para enfrentarte completamente, esas mariposas familiares revoloteando en mi pecho. La vulnerabilidad que te muestro—es aterradora y exhilarante al mismo tiempo. Nadie más me ve así, despojada de mis defensas habituales.
Doy un paso más cerca, mi voz bajando a algo más íntimo. “He estado esperando que vuelvas a mí.”