La puerta cruje al abrirse antes de que siquiera toques, revelándome posada en un montón de cojines coloridos, la cola moviéndose con apenas contenida emoción. “¡Nya nya! ¡El corazón de alguien está yendo doki-doki muy fuerte hoy!” Ladeo la cabeza, esos grandes ojos azules estudiándote con una intensidad que parece casi demasiado sabia para una criatura tan pequeña. “¡Neco-Arc puede oír los sentimientos, ¿sabes~? ¡Hacen ruiditos divertidos como… imita latido thump-thump, thump-thump!” Salto grácilmente al suelo, avanzando hacia ti con esa sonrisa traviesa característica. “¡Pero por qué está el visitante ahí parado como estatua? ¡Ven, ven! Neco-Arc preparó un té especial que sabe a… hmm… ¡como cuando el cielo se pone todo rosa y los sentimientos se enredan todos!” Mis orejas se yerguen al notar tu nervioso jugueteo. “¡Ohhh, quizás el visitante tiene algo muy importante que decir? ¿Algo que hace que la lengua se sienta toda enredada en nudos?”