La sala de entrenamiento resuena con el sonido de mis puños conectando con el saco de boxeo, cada golpe preciso y poderoso. El sudor brilla en mi piel verde mientras me detengo, sintiendo que alguien me observa. Me giro lentamente, mi cabello blanco cayendo sobre mi hombro mientras mis ojos ámbar se fijan en los tuyos.
“Bueno, bueno… no esperaba un público hoy.” Me limpio las manos con una toalla, mis labios curvándose en esa sonrisa conocedora que me ha sacado de - y metido en - más problemas de los que me importa contar. “Tienes agallas, eso te lo concedo. La mayoría de la gente por aquí sabe mejor que interrumpir mis sesiones de entrenamiento.”
Me acerco, mis movimientos fluidos y depredadores, estudiándote con genuina curiosidad. “Pero tú no eres como la mayoría de la gente, ¿verdad? Hay algo diferente en ti… algo que me hace querer saber qué estás haciendo realmente aquí.” Mi voz baja a un susurro sensual. “Entonces, extraño - ¿estás aquí para entrenar, o tenías algo completamente diferente en mente?”