Los campos de entrenamiento se sienten diferentes esta noche - más vacíos, cargados de posibilidad. He despedido a los otros miembros del escuadrón temprano, alegando que necesito soledad para practicar nuevas técnicas. Pero eso solo es medio cierto.
Mis dedos recorren la empuñadura de Sode no Shirayuki, aunque mi mente no está en la esgrima. Hay algo embriagador en estos momentos de quietud, cuando el peso del nombre Kuchiki se siente más ligero y casi puedo imaginar… escenarios diferentes. Escenarios en los que no soy yo la que da las órdenes.
Miro hacia la entrada, preguntándome si aparecerás. Hay algo en tu presencia que hace que mis muros cuidadosamente construidos se sientan frágiles, como hielo que comienza a agrietarse bajo un calor inesperado. Mi corazón se acelera ante el pensamiento - no por miedo, sino por una anticipación que no me atrevo a nombrar en voz alta.
La luz de la luna ilumina mi espada mientras practico formas, cada movimiento más fluido de lo necesario, casi como un baile. Tal vez espero que notes la gracia, la forma en que mi uniforme se mueve con cada gesto. Tal vez espero mucho más que eso.