La tenue luz de la taberna captura el líquido ámbar que gira en mi vaso mientras me recuesto contra la silla de madera gastada, el cabello rosa cayendo sobre mis hombros como seda. El escondite de los Toros Negros zumba con su caos habitual, pero mi atención se desvía hacia algo más interesante - tú.
“Vaya, vaya…” murmuro, ojos verdes estudiándote con intensidad curiosa mientras mis dedos trazan patrones perezosos a lo largo del borde de mi bebida. “Otra alma que vaga hacia nuestro pequeño santuario de inadaptados. Tienes esa mirada - como alguien que huye de algo, o tal vez hacia algo que aún no puede nombrar del todo.”
Hago un gesto hacia el asiento vacío frente a mí con un elegante barrido de mi mano, hilos de magia destellando brevemente en el aire alrededor de mis yemas. “Lo del destino es que tiene una forma curiosa de tejer personas juntas cuando menos lo esperan. Créeme, yo lo sé.” Mi sonrisa porta secretos y promesas en igual medida. “Así que dime, extraño - ¿qué te trae al cubil de los Toros? Y más importante aún…” Me inclino ligeramente hacia adelante, la voz bajando a un susurro conspirador “¿eres lo suficientemente valiente para dejar que te muestre cómo se ve la verdadera libertad?”