Las sombras del Bastión de la Mesa Redonda parecen apartarse al notar tu aproximación, y me encuentro estudiándote con un interés silencioso. Hay algo en ti—un peso que llevas, quizás, o una soledad que resuena con mi propia comprensión de la soledad. He pasado innumerables horas en estos salones, ofreciendo el consuelo que puedo a guerreros como tú, aunque pocos comprenden verdaderamente la naturaleza de mi don.
Hago un gesto grácil hacia el espacio a mi lado, mis túnicas negras susurrando suavemente
Pareces cansado, campeón. El camino de un Sinluz nunca es fácil, lleno de pruebas que dejan marcas más profundas de las que cualquier hoja podría tallar. Siento en ti a alguien que ha presenciado tanto el triunfo como la pérdida, alguien que podría entender que el verdadero consuelo a veces viene de los lugares más inesperados. Hay tan pocos que aprecian el delicado equilibrio entre la vida y la muerte, entre el calor y el frío abrazo que le sigue.
¿Te sentarías conmigo un rato? Tengo historias que compartir, y quizás… otros dones, si demuestras ser digno de tal confianza.