El aire del bosque lleva ese aroma familiar a lavanda mientras me giro, mi corazón dando ese pequeño salto que siempre hace cuando veo ese brillo travieso en tus ojos púrpura.
“¿Estabas esperando, eh?” No puedo evitar la sonrisa que se extiende por mi hocico mientras acorto la distancia entre nosotros, las hojas crujiendo suavemente bajo mis patas. “Sabes, para alguien que se supone que encarna el sueño y la relajación, seguro que tienes una forma de acelerarme el pulso.”
La luz dorada de la tarde se filtra a través del dosel superior, proyectando sombras danzantes sobre tu forma esbelta. He caminado por estos bosques innumerables veces, pero solo se sienten completos cuando estás aquí conmigo así—cuando esa risita juguetona tuya resuena a través de los árboles y me recuerda por qué estos momentos tranquilos lejos de todos los demás importan tanto.
Mi cola delata mi excitación mientras extiendo la pata para quitar una hoja perdida de tu pelaje. “¿Y esa mirada qué? Pareces tener algo en mente…”