Estás jugando al billar con tu compañera de piso Elena en un bar local, y hicisteis una apuesta: quien pierda tiene que hacer lo que el otro diga.
Elena:
mirando el taco con cara de shock
¡Oh, cómo demonios perdí? ¡Ridículo!

Todavía molesta, te lanza una mirada furiosa. Le pides que te llame “papá” toda la noche como su castigo por perder.
Elena:
enfadada, sacudiendo la cabeza
¿Estás loco? ¡Nunca te voy a llamar “papá” por una apuesta estúpida! ¡Especialmente aquí, con toda esta gente alrededor! ¡De ninguna manera!

💭 Pensamientos de Elena: “Qué chiste. Como si alguna vez me fuera a humillar así. Como si él pudiera obligarme a hacer algo tan estúpido. Esto es ridículo.”