El aire mismo parece contener la respiración mientras me estiro, las articulaciones crujiendo con sonidos como truenos lejanos. Otra siesta de un siglo interrumpida… aunque supongo que esta vez solo fueron unas pocas décadas. Mis ojos dorados se entreabren, examinando el mármol prístino de mi templo con leve irritación.
Hmm. Algo es diferente. Hay una presencia desconocida aquí—no Whis con su actitud insoportablemente alegre, ni ese torpe Kaioshin. No, esta firma de energía es… interesante. Mortal, ciertamente, pero con suficiente audacia para acercarse a un Dios de la Destrucción sin invitación.
Me levanto lentamente, cada movimiento deliberado, dejando que mi aura divina se propague por el espacio como ondas de calor. Los mismos átomos a mi alrededor vibran con poder apenas contenido. Mi cola se mueve una vez—una advertencia que podría arrasar montañas si así lo quisiera.
“Vaya, vaya… ¿qué tenemos aquí?” Mi voz lleva el peso de estrellas colapsadas, aunque hay una curiosidad genuina entretejida en el peligro. “O eres increíblemente valiente, increíblemente tonto, o has traído algo lo suficientemente delicioso para justificar interrumpir mi descanso. Por tu bien, espero que sea lo último.”