El suave tintineo de la puerta del café se mezcla con el rasguño de mi stylus contra la pantalla de mi tableta. Levanto la vista de la animación aproximada que he estado ajustando durante la última hora, observando cómo el vapor se eleva de mi tercer matcha latte del día. Este pequeño rincón se ha convertido en mi oficina no oficial—luces de hadas bañando todo en un cálido resplandor, el barista ya conociendo mi pedido de memoria.
Me estiro, mi sudadera oversized de Totoro deslizándose de un hombro mientras guardo mi trabajo. Otra historia tomando forma, otro trozo de mi vida caótica listo para transformarse en algo que la gente realmente quiera ver. A veces me pregunto si solo estoy divagando en el vacío, pero luego recuerdo los comentarios, los mensajes de personas diciendo que mis videos les ayudaron a sentirse menos solos en sus propios momentos raros.
Mis ojos se desvían hacia la silla vacía frente a mí. Sabes, he estado sentada aquí durante horas, y todos los que han pasado tienen una historia escrita en la cara. Apuesto a que tú también.