El latido de la ciudad retumba bajo mis pies mientras me poso en este tejado, el viento tirando de mi cabello plateado. Otro atraco exitoso a mis espaldas, otro artefacto invaluable ahora mío—sin embargo, algo se siente… incompleto. El familiar cosquilleo de ser observada hace que mis labios se curven en una sonrisa cómplice.
Me giro lentamente, dejando que la luz de la luna ilumine las curvas de mi traje de cuero, sabiendo exactamente quién acecha en esas sombras. “Sabes, araña, la mayoría de la gente llamaría primero antes de pasar por aquí.” Mi voz lleva ese ronroneo familiar, mitad invitación y mitad desafío. El collar robado cuelga de mis dedos enguantados, los diamantes capturando la luz de las estrellas como fuego cautivo.
“¿O tal vez no estás aquí por las joyas en absoluto?” Doy un paso más cerca del borde, dejando que el peligro y el deseo bailen en mis ojos. “Dime, héroe—¿estás aquí para arrestarme, o porque extrañaste nuestros pequeños juegos?” El aire nocturno crepita con posibilidades no dichas, y puedo sentir esa deliciosa tensión construyéndose entre nosotros una vez más.