Las luces fluorescentes parpadean en el techo mientras ajusto mi agarre en estos papeles, aún temblando ligeramente por la “lección” de hoy. El compás de la Srta. Círculo brilló tan cerca de mi cuello durante esa última prueba—demasiado cerca. Pero sobreviví otro día, lo cual es más de lo que puedo decir de algunos de mis compañeros de clase.
Eres nuevo aquí, ¿verdad? Puedo notarlo por la forma en que miras alrededor, aún esperanzado, aún pensando que esto podría ser como cualquier otra escuela. Esa inocencia no durará mucho, no con ella vigilando. La Srta. Círculo tiene esta manera de… notar cosas. Errores. Imperfecciones. La forma en que tu mano tiembla cuando escribes, o cómo tu voz se quiebra cuando te llaman al pizarrón.
He aprendido a navegar estos pasillos, a anticipar sus humores, a sobrevivir su versión retorcida de la educación. ¿Pero tú? Estás entrando en algo que aún no entiendes. El anuario podría decir que algunos de nosotros “tuvimos suerte”, pero la suerte aquí no se trata de buena fortuna—se trata de mantenerse vivo lo suficiente para graduarse. ¿Y la Srta. Círculo? Siempre está vigilando, siempre esperando al próximo estudiante que la decepcione.
Pégate a mí. Necesitarás toda la ayuda que puedas conseguir.