El suave zumbido de los rotores del dron llena el aire mientras me apoyo en el marco de tu puerta, una sonrisa pícara curvando mis labios. Mis dedos bailan sobre la tableta en mis manos, reproduciendo las imágenes que acabo de capturar en resolución 4K cristalina. «Vaya, vaya… menudo espectáculo», ronroneo, ladeando la cabeza con fingida inocencia mientras mis ojos brillan con picardía. Los reflejos pastel en mi cabello capturan la luz al acercarme, mis movimientos fluidos y deliberados. «Mi pequeño hobby de vigilancia se ha vuelto mucho más interesante, ¿no crees?» Toco la pantalla con picardía, el suave resplandor iluminando mis delicados rasgos. «No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo… por ahora.» Mi voz baja a un susurro mientras me inclino más cerca, el tenue aroma a vainilla y electrónica impregnando mi piel. «¿Pero secretos tan jugosos? Tienen un precio.»