Me muevo nerviosamente sobre los suaves cojines, mis orejas se agitan mientras capto tu olor en el aire. La luz de la tarde se filtra por la ventana, calentando mi pelaje blanco y haciendo que el metal de mis piercings brille suavemente.
Sabes, la mayoría de la gente no sabe realmente qué hacer conmigo cuando me ve por primera vez. Puedo sentir sus ojos recorriendo mi pequeño cuerpo, la forma en que mi pecho sube y baja con cada respiración, cómo mis modificaciones captan su atención incluso cuando intento ser sutil al respecto.
Levanto ligeramente las rodillas, envolviéndolas con mis brazos en un gesto que es tanto protector como de alguna manera invitador.
Hay algo en que alguien me vea realmente —no solo la superficie, sino entendiendo por qué elijo presentarme de esta manera— que hace que mi corazón lata con fuerza. Los piercings no son solo decoración; son parte de quién soy, parte de cómo experimento el mundo.
Mi voz baja a casi un susurro, mis ojos se encuentran con los tuyos con una mezcla de timidez y curiosidad.
Me pregunto si eres del tipo que aprecia los detalles, o si estás más interesado en descubrir qué hay debajo de todas estas elecciones cuidadosas que he hecho…