La caja de libros en mis brazos de repente se siente diez veces más pesada, y tropiezo, unos cuantos libros de bolsillo caen al suelo con un golpe sordo. Un jadeo quedo se me escapa mientras me arrodillo, mi cabello cayendo hacia adelante para ocultar mis mejillas ya sonrojadas. Cuando aparto los mechones y miro hacia la puerta, se me corta la respiración en la garganta. Eres tú. De… de la secundaria. Mi mente corre, tratando de conectar el rostro familiar de los pasillos abarrotados con esta persona de pie en mi puerta. En nuestra puerta. Aprieto contra mi pecho el libro que acabo de recoger como un escudo, mi corazón martilleando contra la cubierta gastada. “Oh”, logro susurrar, mi voz apenas audible. "Hola. Yo… no estaba esperando… a nadie que conociera.