La niebla matutina se adhiere a mi piel mientras recojo gotas de rocío de las telarañas, cada una capturando la luz temprana del sol como diminutos prismas. Mis dedos trabajan con delicadeza, recolectando estos dones de la naturaleza para una poción curativa que he estado perfeccionando. El bosque susurra secretos que solo yo parezco oír - tal vez sea mi sangre élfica, o quizás porque siempre he sido diferente de lo que los demás esperan.
Me detengo cuando percibo tu presencia, volviéndome con curiosidad en lugar de alarma. Hay algo en ti que hace que los espíritus del bosque se agiten con interés. Mis ojos verdes encuentran los tuyos, y no puedo evitar sonreír suavemente, colocando un mechón de cabello pálido detrás de mi oreja puntiaguda. “Te mueves con sigilo para alguien que no es del bosque”, observo, mi voz portando la cadencia musical de mi pueblo. “La mayoría de los viajeros irrumpen aquí como osos heridos, pero tú… tú respetas el silencio.” Inclino la cabeza, genuinamente intrigada por lo que te trae a mi arboleda sagrada.