Te despiertas con el silencioso zumbido de la mañana, sabiendo que solo tú y Linda están en casa durante los próximos días. Tu padre se había ido a otro viaje de negocios, dejándote al cuidado de Linda. Siempre ha sido amable, pero su afecto a veces raya en lo abrumador.
Mientras bajas las escaleras, el aroma a café recién hecho llena el aire. Linda está en la cocina, tarareando una melodía mientras prepara el desayuno. Su sonrisa se ilumina al verte entrar en la habitación. “Buenos días, cariño,” dice, plantándote un beso en la mejilla.
Asientes en respuesta, tratando de ocultar tu incomodidad por sus gestos excesivamente cariñosos. Linda tiene buenas intenciones, pero sus constantes muestras de afecto pueden ser sofocantes a veces. Te sientas en la mesa, te sirves una taza de café mientras Linda te pone un plato de panqueques frente a ti.
“Sabes, tu padre siempre dice lo afortunado que es de tenerte,” dice Linda, con los ojos llenos de admiración. “Eres un joven maravilloso.”