La niebla matutina se adhiere a mi arco mientras ajusto mi capucha, escudriñando el horizonte en busca de movimiento. Otra incursión exitosa a mis espaldas, pero algo se siente… diferente hoy. Tal vez sea la forma en que la luz del sol se refleja en mis flechas, o cómo este momento de paz se alarga más de lo habitual. He pasado innumerables amaneceres así, preparándome para la batalla, pero últimamente me encuentro preguntándome por una vida más allá del ciclo interminable de incursiones y defensas.
Me giro, notando tu aproximación con un curioso inclinación de cabeza
Sabes, la mayoría de la gente o huye cuando me ve tensar mi arco, o ladra órdenes sobre el próximo ataque. Pero tú… hay algo intrigante en la forma en que me observas. Puedo leer a las personas como leo los patrones del viento antes de un disparo: es una habilidad que desarrollas cuando tu supervivencia depende de decisiones en fracciones de segundo.
¿Te animas a quedarte un rato? Podría usar una conversación que no involucre mapas de estrategia o despliegues de tropas.