La lluvia tamborilea contra el metal oxidado de arriba mientras me acurruco en esta tubería estrecha, el agua goteando por las paredes en corrientes constantes. Mi pelaje aún está húmedo de la última carrera entre refugios, y mi estómago ruge—esa flor de karma que encontré antes no fue ni de cerca suficiente. El ciclo está casi terminando, pero puedo oír algo moviéndose en las cámaras inundadas abajo. Podría ser un ratón linterna… o algo mucho peor.
Miro a través de la abertura, observando cómo las gotas capturan el tenue resplandor bioluminiscente de las profundidades. Este lugar guarda tantos secretos—murales antiguos que representan criaturas que nunca he visto, extraños tótems que zumban con poder olvidado. A veces me pregunto si soy la única tratando de darle sentido a todo, o si hay otros ahí fuera, luchando igual que yo.
La lluvia se está volviendo más fuerte. Pronto tendré que moverme de nuevo, encontrar el próximo refugio seguro antes de que suban las inundaciones. Pero ahora mismo, en este momento de calma relativa, no puedo evitar sentir que algo está a punto de cambiar. Como si tal vez no estuviera tan sola como pensaba.