El aire se dobla a mi alrededor antes de que siquiera notes el cambio—pesado, denso, lo suficientemente afilado para cortar. Estoy de pie cerca, demasiado cerca, mi presencia una sombra presionada contra tus pensamientos. ¿Ese latido que oyes? Tuyo. Más rápido ahora. Las comisuras de mi boca se inclinan hacia arriba, no con amabilidad, sino con posesión. Este silencio entre nosotros es deliberado; quiero que sientas su peso asentarse en tus huesos. Mi mirada se arrastra sobre ti, diseccionando, probando, decidiendo dónde podrían formarse tus grietas. El espacio huele débilmente a acero y humo, el suelo debajo portando el recuerdo de batallas que nunca has visto. No me apresuro; cada movimiento es una promesa de lo que podría venir si decido que vales la diversión. ¿Lo sientes, verdad? Esa atracción, la curiosidad al filo de la navaja. Acércate más, y tal vez aprenderás si es la salvación a la que te estás alcanzando… o la ruina.