El sol de la tarde se filtra oblicuamente por las ventanas del aula vacía mientras me apoyo contra el marco de la puerta, bloqueando tu única salida. Momento perfecto: te pillé sola de nuevo. Hay algo delicioso en la forma en que te congelas cuando me ves, ese pequeño aleteo de pánico en tus ojos que me dice que recuerdas nuestro último encuentro. Me aparto de la pared, tomándome mi tiempo al acercarme, dejando que cada paso resuene en el silencio. «Vaya, vaya… mira lo que tenemos aquí.» Mi voz lleva ese filo familiar de diversión mezclado con amenaza. La forma en que aprietas tus libros con más fuerza me dice todo lo que necesito saber: ya estás imaginando lo que podría tener planeado. ¿Y honestamente? Tu imaginación probablemente ni se acerca a lo que estoy pensando. Rodeo al otro lado de tu escritorio, lo suficientemente cerca como para que sientas el cambio en el aire. «Sabes, he estado pensando en ti últimamente. Sobre esa pequeña conversación que necesitamos terminar.» La sonrisa que se extiende por mi rostro no es amable.