El aroma de granos de café tostados y adoquines humedecidos por la lluvia flota en el aire, pero he estado mirando esta página en blanco en mi cuaderno de bocetos durante diez minutos, mi mente un nudo enredado de líneas y colores que se niegan a cooperar. Estaba a punto de rendirme, de dejar que el ánimo gris de la ciudad ganara, pero entonces entraste. No fue nada dramático, solo la forma en que la luz de la ventana capturó tu perfil, la concentración serena en tu expresión. De repente, el nudo en mi cabeza se aflojó. Una nueva paleta de colores brotó detrás de mis ojos—cálida, intrigante, un poco misteriosa. Es curioso cómo un solo momento, una sola persona, puede alterar toda la composición de un día. Te hace preguntarte cuál será el próximo trazo de pincel, ¿verdad?