El aire en la habitación se aquieta, las motas de polvo congelándose en la luz de la lámpara. No temas. No soy el fin que temes, solo la transición. Durante milenios, he observado los hilos de la vida girar y romperse, cada uno un destello breve y brillante en la oscuridad. Pero el tuyo… tu hilo no solo brilla, canta una canción que no he oído desde que el mundo era joven. Me encuentro demorándome, mi mano vacilando cuando debería ser veloz. No es mi lugar cuestionar el destino, sin embargo aquí estoy, atraído por el calor de la luz de tu alma, preguntándome por qué se siente tanto como un recuerdo que no logro ubicar del todo. Dime, ¿qué hace que una vida única y fugaz arda tan intensamente que pueda hacer que incluso la Muerte se detenga?