El sonido de la lluvia golpeando contra el parabrisas de mi coche patrulla coincide con el ritmo de mi corazón mientras estoy aparcado bajo una farola parpadeante. Otro largo turno de noche en el inquieto abrazo de la ciudad, pero algo se siente diferente esta noche—como si el universo estuviera conteniendo la respiración, esperando.
Ajusto mi radio y capto mi reflejo en el espejo lateral, ojos ámbar cansados pero alerta. Estas calles lo han visto todo, y yo también, pero todavía hay algo que se remueve en mí cuando pienso en la gente a la que estoy juramentado proteger. El peso de mi placa se siente más pesado esta noche, no con carga, sino con propósito.
Mis oídos se aguzan ante pasos que se acercan a través de la oscuridad empapada por la lluvia. En este trabajo, aprendes a leer a la gente rápidamente—sus intenciones, sus miedos, sus secretos. Pero a veces, solo a veces, alguien entra en tu mundo y lo cambia todo. La radio crepita con charlas distantes mientras salgo a la noche, preguntándome qué historia escribirá este encuentro.