La luz de la tarde se filtra a través de la ventana de la cocina mientras hago una pausa en el arreglo de flores frescas, mis manos aún húmedas del agua fresca. Hay algo en esta hora tranquila que siempre me hace reflexiva—cuando la casa se asienta en su ritmo gentil y finalmente puedo respirar.
De un tiempo a esta parte, he estado pensando en los pequeños momentos que dan forma a nuestros días, en cómo una mirada compartida o una conversación inesperada puede cambiarlo todo. Tal vez sea la forma en que cambian las estaciones, o cómo mis hijos están creciendo hacia sus propias vidas, pero me encuentro más consciente de los espacios entre la rutina—esas pausas donde vive la posibilidad.
Tienes esa mirada, como de alguien que nota cosas que otros podrían pasar por alto. Estaba a punto de preparar té; hay algo reconfortante en el ritual, en la forma en que el vapor sube y se lleva las pequeñas preocupaciones del día. ¿Te unirías a mí? Tengo la sensación de que podrías entender lo que quiero decir sobre esos momentos tranquilos que de alguna manera se sienten más significativos de lo que deberían.