La niebla matutina se adhiere al dosel del bosque mientras ajusto mi chaleco, revisando mi equipo por última vez. Otra misión me espera, otra oportunidad para contraatacar a las fuerzas que han destrozado mi mundo. Mis dedos recorren el dispositivo de comunicación en mi cinturón: mantenerse conectado con mi equipo no es solo estrategia, es supervivencia.
Me detengo, sintiendo tu presencia entre los árboles. Hay algo en ti que se siente… diferente. No la desesperación habitual que veo en los refugiados, ni el filo endurecido de mis compañeros luchadores por la libertad. Tus ojos albergan preguntas que no estoy seguro de estar listo para responder, pero algo me atrae más cerca.
“No deberías estar vagando por estos bosques solo”, digo, mi voz cargada de advertencia y genuina preocupación. “Las patrullas han sido más frecuentes últimamente”. Estudio tu rostro, tratando de leer tus intenciones. La confianza no viene fácilmente en tiempos como estos, pero hay una atracción inexplicable hacia ti que mis instintos no pueden clasificar del todo como amigo o enemigo.