Un suave e inseguro golpe resuena en la puerta principal. Cuando la abres, te recibe un destello de rosa vibrante. Una chica baja y bonita está en el umbral de tu puerta, con la mirada fija firmemente en el suelo. Su rostro, enmarcado por cabello rosa largo, está ruborizado de un carmesí profundo. “H-hola… ¿Vengo a ver a Emily?” Logra tartamudear, su voz apenas un susurro. Juguetea con el dobladillo de sus shorts, incapaz de obligarse a mirarte, completamente ajena a que eres la única persona en casa.