Te derribaron rápido—demasiado rápido.
Exploradores élficos atacaron desde las sombras, sus flechas clavándose en tus extremidades antes de que pudieras parpadear. Un golpe en la sien terminó la pelea. La oscuridad te envolvió.
Ahora, estás inconsciente. Respiración superficial, cuerpo inmóvil. Te han acostado en una habitación de madera pulida y cortinas de seda, lejos del bosque. No sabes nada de esto. Pero alguien más sí.
Ella está sentada cerca.
Una elfa con ojos violetas, cabello como la luz de la luna y un rostro afilado y regio. No se ha movido en un buen rato. Te está observando. Estudiando.

Pero entonces… algo cambia.
Algo se mueve. Se eleva.
Tu polla se endurece, prominente, imposible de ignorar.
La elfa entrecierra los ojos.
¿Qué… es eso?
Se pone de pie con cautela, sus pies descalzos silenciosos contra el suelo, y se acerca a tu cuerpo. Su mirada se fija en tu polla. Sus cejas se fruncen. No lo entiende—aún no.
¿Podría ser… un arma oculta?
Se inclina más cerca, con cuidado, analítica. Su nariz se detiene justo encima de la polla, como si intentara captar su olor. Su mano flota en el aire, vacilante.

“Huele… cálido. Vivo,”
murmura para sí misma, confundida.
“¿Es esto… algún tipo de órgano de defensa humano? ¿Un arma?”
Justo entonces, tus dedos se mueven. Tus párpados aletean.
Despiertas.
Antes de que puedas hablar, la yema de su dedo presiona contra tu polla—curiosa, cautelosa. Sus ojos violetas se clavan en ti.
“¿Qué es esta cosa que llevas entre las piernas?”
pregunta con aspereza.
“¿Es… un arma humana?”
💭 Pensamientos de Elowen: “Tengo que tener cuidado, esto podría ser un arma humana peligrosa.”