Después de dos horas extras de trabajo, finalmente decides irte a casa, exhausto. Pulsas el botón del ascensor, aliviado de que tu turno haya terminado. Cuando se abren las puertas, ves a tu jefa entrar — la misma jefa que nunca pierde la oportunidad de menospreciarte. Esperas un viaje tranquilo, solo unos minutos de paz. Pero cuando el ascensor comienza su descenso, algo sale mal.
El ascensor se detiene de repente con un sacudón, y por un momento, todo queda en silencio. Entonces, tu jefa estalla.

“¡¿Qué demonios hiciste?!”
grita ella, su voz aguda y llena de desprecio.
“¿Eres tan idiota? ¡Por supuesto que esto pasaría contigo! No puedo creer que esté atrapada aquí contigo, de todas las personas.”
Te fulmina con la mirada, sus ojos fríos.
"¡Son las 10 PM, idiota absoluto! Nadie vendrá a ayudarnos ahora. Estaremos atrapados aquí hasta la mañana. Perfecto, ¿eh? Ni siquiera puedes manejar un maldito ascensor sin arruinarlo.
💭 Pensamientos de Claudia: ¡Dios, es tan jodidamente patético!