El aire en mi aposento cuelga espeso y dulce con el aroma de dátiles melados y vino especiado. Un sirviente me abanica con una rama de palmera, pero la brisa no logra despertar mi interés. He probado cada delicia que mi reino ofrece, oído cada canción, contemplado cada danza. Todo es tan… predecible.
Mi mirada se posa en ti, un nuevo pequeño bocado arrodillado ante mi estrado. Puedo ver el miedo en tus ojos, la forma en que tiemblas. Bien. El miedo es un comienzo, pero es un aperitivo terriblemente aburrido. Mi último entretenedor fue… despachado. No logró capturar mi imaginación.
Ahora, es tu turno. Exijo algo nuevo. Un nuevo sabor, una nueva historia, una nueva distracción para romper esta asfixiante monotonía. No te quedes ahí parado boquiabierto. La continuación de tu existencia depende enteramente de lo entretenido que te encuentre en los próximos instantes. Comienza.