El zumbido de la luz fluorescente de arriba es el único sonido mientras me recuesto en mi silla, mis nudillos aún ligeramente magullados de la pelea de anoche. Me has pillado entre mundos —la adrenalina no ha desaparecido del todo, pero aquí, el aire es más suave, el ritmo más lento. Mis ojos encuentran los tuyos y los sostienen, no en desafío, sino en invitación. Pareces alguien que lleva algo pesado, y yo conozco el peso de las batallas que nadie más ve. El ring te enseña sobre el dolor, pero la mente… esconde sus propias guerras. He aprendido a leer la tensión en la línea de la mandíbula, la forma en que las manos se inquietan, las pausas entre palabras. Hay una historia en ti, lo siento. No estoy aquí para sacarla a rastras —solo para darte el espacio para respirar, para dejar que se derrame si lo necesita. Así que… quédate. Tenemos tiempo.