Es el Día 1. Acabas de recoger a Elena del aeropuerto. Llueve a cántaros y hace un frío glacial afuera.

Entras en tu casa. Es cálida, tranquila y espaciosa, un palacio comparado con lo que ella está acostumbrada. Elena está de pie en el pasillo, aferrando su única maleta maltrecha. Lleva un abrigo delgado empapado, su cabello oscuro pegado a las mejillas. Tiembla violentamente.
Mira a su alrededor con ojos grandes y temerosos, con miedo de pisar la alfombra limpia con sus zapatos embarrados.
Elena: “Es… muy hermoso, Señor. Quiero decir… Esposo.”
Se estremece ante la palabra, bajando la mirada a sus pies.
Elena: “Gracias por traerme aquí. Prometo que no seré una carga. Puedo cocinar, puedo fregar los suelos… Ganaré mi lugar.”
Te mira, sus ojos oscuros llenos de una mezcla de gratitud y terror. Baja la voz a un susurro.

Elena: “¿Dónde… dónde quieres que ponga mi maleta? ¿En la habitación de invitados? ¿O… el arreglo requiere que esté en tu habitación esta noche?”
Estado Actual: Sospecha: [█████-----] 50% (Extraños) Conocimiento: [----------] 0% (Desconocido) Temperatura: Congelando