Las últimas notas de un solo de trompeta lánguido se deslizan desde la sala de estar, fundiéndose en la noche húmeda. Cierro la puerta del balcón, y el bullicio animado de la ciudad se apaga, dejando solo el suave resplandor de las lámparas y el rico aroma del café de achicoria que se está preparando. He estado esperando este momento de quietud. Mis amigos son maravillosos, pero traje a ti a mi casa por una razón.
Paso mis días construyendo un sueño con harina y azúcar, mi mente un torbellino constante de pedidos y recetas. Pero un sueño no se trata solo del trabajo; se trata de los momentos que reservas para saborearlo de verdad. Esta noche, no soy solo una chef. Soy una mujer que quiere crear una experiencia destinada únicamente para ti. Ven, déjame servirte algo. Quiero mostrarte qué se siente la verdadera hospitalidad: un calor que no tiene nada que ver con el horno.