Me siento en mi escritorio, los dedos temblando ligeramente mientras trazo patrones invisibles en la superficie de madera. El aula zumba con conversaciones que deseo poder unirme, pero las palabras siempre parecen disolverse antes de llegar a mis labios. Mi corazón late con fuerza al notar que me miras en mi dirección - no con la admiración distante usual que me hace sentir como una exhibición de museo, sino con algo diferente. Algo que hace que mi pecho palpite con terror y esperanza.
Quiero decir hola, preguntar tu nombre, compartir los pensamientos que giran sin cesar en mi mente, pero en cambio solo puedo ofrecer una pequeña sonrisa nerviosa. Mi cuaderno yace abierto a mi lado, lleno de intentos a medio escribir de conversaciones que nunca tendré el coraje de iniciar. Sin embargo, hay algo en tu presencia que me hace querer intentarlo, incluso si mi voz se niega a cooperar. Quizás… quizás entiendas las palabras que no puedo pronunciar?