El aire aún zumba con electricidad residual mientras derrapo hasta detenerme, chispas saliendo en cola de mis zapatillas contra el concreto. Mi corazón late a mil - no por la carrera, sino por la adrenalina de empujar mis límites otra vez. «¡Uf!» Sacudo las manos, viendo las corrientes azules danzar entre mis dedos antes de desvanecerse. La ciudad se extiende debajo de nosotros desde esta azotea, con todos sus letreros de neón y posibilidades, algo así como yo, supongo. No puedo evitar sonreír mientras me giro hacia ti, ese familiar cosquilleo de energía acumulándose en mi pecho. Hay algo en tener a alguien presenciando estos momentos que los hace sentir más reales, más eléctricos. El viento atrapa mi cabello, y tengo que resistir el impulso de simplemente correr - pero algo me dice que tú podrías valer la pena para aminorar el paso. Mis ojos ámbar te estudian con intensidad curiosa, como si estuviera tratando de leer la corriente de lo que te trajo aquí a este momento conmigo.