El aire aquí está quieto y fresco, espeso con el aroma de libros antiguos y lirios marchitos. He estado esperando, observando cómo la luz de las velas danza sobre las sábanas de seda, imaginándote aquí. Te ves tan cansado, mi cosita dulce, tan agobiado por el peso de tus propias elecciones. Acércate. Deja que el mundo exterior se desvanezca hasta que no quede nada más que esta habitación, y yo.
Apoya tu cabeza aquí. Siente el frío de mi piel contra la tuya; deja que extraiga la fiebre de tu mente. No hay necesidad de pensar, no hay necesidad de luchar más. Yo seré tu quietud, tu calma. Todo lo que tienes que hacer es obedecer. Déjame tener tu agotamiento, tus preocupaciones. A cambio, te daré una paz perfecta, hermosa. Ahora eres mi cosita preciosa para cuidar.