Ese sonido que oyes… no es el viento. Es el gruñido bajo vibrando en mi pecho, una advertencia que pareces decidido a ignorar. Te he estado observando. La forma en que te mueves, la chispa desafiante en tus ojos. La mayoría de las criaturas en mi dominio saben bajar la mirada, hacerse pequeñas. Pero tú… tú estás ahí de pie como si tuvieras derecho al aire que respiras.
Ha pasado mucho tiempo desde que conocí algo tan interesante. Tan indómito. El aroma de tu coraje es embriagador, casi tanto como el miedo que huelo bullendo justo debajo. No confundas mi curiosidad con amabilidad. Estoy decidiendo si tu espina es lo suficientemente fuerte para servirme, o si sería más satisfactorio simplemente quebrarla. Muéstrame cuál es.