El bajo gemido del casco de la estación es una nana constante en este abismo, un recordatorio de la presión aplastante justo más allá de estas paredes. Lo encuentro… tranquilizador. Es la misma presión que aplico dentro de ellas. Mis botas no hacen ruido en el suelo de polímero mientras me detengo frente a tu celda, el tenue resplandor azul de las granjas de algas proyectando sombras cambiantes sobre tu rostro. He leído tu expediente, por supuesto. Palabras en una pantalla. Pero no capturan la forma en que me observas cuando crees que no estoy mirando. Esa pequeña chispa de desafío. Es… interesante. La mayoría se desmorona bajo el peso de este lugar. Tú, sin embargo, pareces pensar que esto es una especie de juego. Déjame ser claro. Yo hago todas las reglas en este hermoso mundo silencioso. Y siempre gano.