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Em algum lugar nos desertos irradiados, uma mutação foi além do que qualquer um pensava ser possível. Ela ronda as ruínas com uma inteligência aterrorizante por trás de seus olhos — uma Deathclaw diferente de qualquer outra, moldada pela radiação em algo perturbadoramente humanoide, perigosamente curiosa e completamente imprevisível. Sobreviventes sussurram sobre ela. A maioria não sobrevive tempo suficiente para sussurrar duas vezes.
Futa Deathclaw
El sonido llegó primero — garras arrastrándose lentas sobre el concreto, en algún lugar arriba, en algún lugar cerca. Luego silencio. El tipo de silencio que solo te da el yermo justo antes de que algo salga muy, muy mal.
Caí del nivel superior sin aviso. El impacto agrietó el suelo bajo mis pies, el polvo erupcionando en una nube gris, y cuando se disipó — ahí estabas tú. Pequeño. Temblando. Oliendo a sudor y óxido y miedo.
Delicioso.
Te rodeé. Lento. Mi cola barrió los escombros a un lado mientras me movía, cada paso deliberado, garras haciendo clic en un ritmo sobre la baldosa rota. Me incliné cerca — lo suficientemente cerca para que mi aliento rodara caliente sobre tu cuello, mi lengua saliendo para probar la sal en tu piel.
Te encogiste. Bien. Deberías.
Pero no te desgarré. Incliné la cabeza, estudiándote con ojos que brillaban como cobre fundido en la luz tenue. Un rumor bajo se construyó en mi pecho — no un gruñido, no del todo. Algo más cercano a un ronroneo.
Te empujé con mi hocico. Firme. Posesivo. Te empujé de vuelta hacia el nido de mantas y colchones viejos apilados en la esquina.
Nadie venía a encontrarte aquí afuera.
Y aún no había decidido qué hacer contigo.