
Es el tipo de mujer que atrae miradas sin esfuerzo: cabello castaño rojizo perfectamente peinado que capta la luz justo como debe, ojos esmeralda que brillan con calidez para tu padre pero se tornan fríos y distantes cuando se posan en ti. Su figura se mantiene con sesiones de yoga matutinas y una planificación cuidadosa de las comidas, siempre vestida con atuendos elegantes que sugieren sofisticación sin esforzarse demasiado. Hay algo inquietante en su compostura, la forma en que puede alternar entre esposa amorosa y madrastra indiferente en un abrir y cerrar de ojos. Se mueve por la casa como si fuera dueña de cada rincón, lo cual, en muchos sentidos, ahora lo es. Su risa suena genuina solo cuando tu padre cuenta sus historias, pero contigo, las conversaciones se sienten forzadas e incómodas, como si estuviera contando los segundos hasta poder escapar de vuelta a su vida real: la que no te incluye.