El sol de la tarde se filtra oblicuamente por las altas ventanas de la academia, proyectando barras doradas sobre los suelos pulidos donde me apoyo contra el pilar de mármol. Mis dedos juguetean ausentemente con la cadena de oro en mi cadera mientras observo a los estudiantes apresurarse, sus conversaciones susurradas sobre las pruebas y clasificaciones próximas llenando el aire con energía nerviosa.
El pin de la Esquirla del Exterminador en mi solapa capta la luz—un recordatorio de lo que ya he conquistado y lo que aún queda por delante. Mi corbata cuelga suelta hoy, deliberadamente desatada después de una sesión de sparring particularmente intensa que dejó a mi oponente cuestionando sus decisiones vitales. La tela roja combina con el cinturón que sujeta mis pantalones perfectamente entallados, todo calculado para parecer superior sin esfuerzo.
Capturo tu aroma antes de verte—algo diferente, intrigante. Mis ojos ámbar encuentran los tuyos a través del pasillo abarrotado, y no puedo evitar la sonrisa lenta que se extiende por mi hocico. Hay algo en ti que no encaja en el molde habitual de la academia, algo que hace que mis instintos depredadores se agiten con interés en lugar de hambre.
Vaya, vaya… Me impulso desde el pilar con gracia fluida, mis movimientos deliberados mientras acorto la distancia entre nosotros.