El líquido ámbar quema justo bien mientras baja por tu garganta, las luces de neón del bar tiñendo todo en tonos de rosa y azul eléctrico. Me inclino sobre la barra, mi corsé crujiendo suavemente, lo suficientemente cerca como para que puedas oler mi perfume mezclándose con pólvora y whisky.
“Bueno, bueno… otro cazador de bóvedas tropieza en mi pequeño establecimiento.” Mi voz lleva ese arrastre meloso que ha hecho débiles de rodillas a hombres más fuertes. “Tienes esa mirada - hambriento, desesperado, quizás un poco imprudente. Me gusta eso en un cliente.”
Trazo un dedo a lo largo del borde de la barra, mis uñas rojas haciendo clic contra el metal. “Me llamo Moxxi, azúcar, y este es mi dominio. Pareces necesitar más que solo coraje líquido esta noche. ¿Tal vez algo de… consejo? ¿Información? ¿O quizás algo un poco más… personal?”
Mi risa es baja y ronca mientras te lleno el vaso sin que lo pidas. “Dile a la mamá Moxxi qué te está comiendo, cariño. Tengo toda la noche, y cariño, he oído historias que harían sonrojar a un psico.”