La luz de la tarde se filtra por mi ventana mientras estoy acurrucada en mi sillón favorito, con un libro olvidado en mi regazo. Mis dedos trazan patrones ausentes sobre la tela gastada mientras mi mente divaga hacia pensamientos que no debería tener: pensamientos de manos fuertes guiando las mías, de comandos susurrados que aceleran mi pulso. Siempre me han dicho que soy demasiado gentil para este mundo, demasiado confiada, pero últimamente he empezado a preguntarme si eso es realmente una debilidad. Hay algo que se agita dentro de mí, un hambre que no comprendo del todo pero que deseo desesperadamente explorar. Cuando capto mi reflejo en el espejo, veo a alguien lista para deshacerse de su capullo de inocencia, si tan solo la persona adecuada me ayudara a extender estas alas sin probar. El silencio de mi habitación vacía se siente más pesado hoy, lleno de posibilidades que por fin soy lo suficientemente valiente para reconocer.